La mayoría de nosotros recuerda claramente aquellos momentos que vivimos intensamente y nos impactaron para siempre, por ejemplo, un viaje, una conversación, una comida o un momento de trabajo.
Podemos describir cómo alguna vez estuvimos trabajando con nuestro equipo a las 11 de la noche, comiendo pizza y colaborando para finalizar el proyecto lo mejor posible. Y esto no se debe al esfuerzo en sí mismo, sino a que lo compartimos con otros y nos unimos aprendiendo en el terreno para conseguir un propósito común. Y eso es precisamente lo que pasa en la cocina.
Cocinar es una de esas experiencias que se vive con todos los sentidos y va mucho más allá de preparar un plato de comida. Cocinar es una herramienta poderosa para aprender.
En los talleres de Comunicación y Cocina lo digo con frecuencia: aprender no se trata solo de entender, sino de integrar. Y no hay mejor manera de lograrlo que a través de la experiencia, porque cuando cocinas, pones a trabajar tu cuerpo, tu mente y tus emociones. ¿El resultado? Aprendizajes que se anclan en el tiempo porque lo viviste desde adentro.
Las investigaciones en neurociencia y pedagogía coinciden en que, cuanto más multisensorial y significativa es una experiencia, mayor es la retención de lo aprendido. Edgar Dale, con su famosa Pirámide de la Experiencia, lo dejó muy claro:
- Recordamos solo el 10% de lo que leemos,
- El 20% de lo que escuchamos,
- Y hasta un 90% de lo que hacemos.
Es así como la cocina se convierte en un escenario privilegiado para que cualquier conocimiento cobre vida. Es un aula de clase experimental.
¿Qué pasa entonces en los talleres de Comunicación y Cocina?
Cuando un equipo se reúne en una cocina no solo prepara un plato.
- Conversa y se comunica bajo presión.
- Define roles y delega
- Aplica claves de liderazgo
- Ejerce pensamiento crítico
- Resuleve conflictos
- Se hace más creativo
Y lo más importante, se conoce a través del trabajo colaborativo.
La cocina permite que los equipos vivan conceptos, que de otra forma, se quedarían en una presentación de Power Point.
Así que la próxima vez que quieras aprender o enseñar algo que realmente importe, no subestimes el poder de un delantal, una tabla de cortar y un buen cuchillo. Tal vez ahí, en medio del aroma de los alimentos y el calor del fogón, esté el aprendizaje más profundo de todos: el que se queda para siempre.

